Categoría
Últimas Entradas
- Secreto confesado
- Fin de Semana Especial. Capítulo VII: DESPEDIDA
- 7 Frases para San Valentin
- Fin de Semana Especial. Capitulo VI: PLACER
- Fin de Semana Especial. Capitulo V: TARDE DE DOMINGO
- Fin de Semana Especial. Capitulo IV: SABADO
- Fin de Semana Especial. Capítulo III: CONOCER
- FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2012
- Fin de Semana Especial. Capitulo II: Encuentro
- Fin de semana especial: Capitulo I: La llegada
- Fin de semana especial (Prólogo)
- 80 Euros por una mentira
- Me gustaria…………
- Hace dos meses
- Comunicaciones de Nuevos Relatos
- Química: Teoría o Práctica (Capítulo Final)
- Química: Teoría o Práctica (Capitulo III)
- Química: Teoría o Práctica (Capitulo II)
- Química: Teoría o Práctica (Capítulo I)
- Carta Abierta
- Para mi Joven amigo
- Algo estupido
- El que tiene un amigo, tiene un tesoro.
- Amistad
- Para la Reflexión
- yaliloquios: ¿somos los gays los mas homofobos?
- Comentarios sobre Cartas Personales, Pensamientos en GAYBOOK
- Comentarios Artículos en GAYBOOK
- Comentarios Relatos en GAYBOOK
- Más que amigos
- EL PRIMER PARTIDO
- Maluba
- Aquel Chico
- Treinta Horas
- El reencuentro (Capitulo Final)
- El Reencuentro (Capitulo II)
- El reencuentro (Capitulo I)
- Tenis y Algo Mas
- Probando nuevas Sensaciones
- Primera Vez
- Agosto: Tenis y Placer
- Pasion Policial en el AVE
- Piscina Ardiente
- A veces, poquito a poquito
Fin de Semana Especial. Capitulo V: TARDE DE DOMINGO
Enero 27th, 2012 by yali
Abro un ojo, abro el otro, ahí estoy cruzado en la cama de Yago, desnudo, boca abajo, me cuelgan las piernas de un extremo y el brazo derecho del otro, hay un sol reluciente, penetrante, majestuoso, un sol emperador, un sol radiante que parece subido a la cúspide de los dioses del universo y se desploma sobre la tierra, lo noto en el cuerpo, parece que ha taladrado las paredes y se ha colado en la habitación, pero, … estoy solo ¿y Yago?
En la cama no está, me incorporo, …, huele fantástico, hay un olor sugerente que me cautiva y me lleva hacia él, me atrae, me arrastra y cual sabueso siguiendo un rastro llego, desnudo todavía, hasta la cocina. Parece que es el olfato el único sentido que está despierto. y mi nariz la única parte de mi cuerpo activa, los brazos caídos, los músculos flácidos, la boca cerrada, la piel todavía arrugada como el negativo de la cama, como grabada la sábana imborrablemente a la piel, con olor a almohada, los ojos entreabiertos me dejan ver a Yago, está ahí de espaldas a la puerta donde ya me encuentro siguiendo el rastro oloroso que sale de los fogones, orquesta celestial de sartenes y cazuelas, partituras de guisos, viandas y condimentos, alimentos ordenados a modo de músicos dirigidos por el gran maestro de ese gastronómico auditoria: Yago. Me he acercado hasta él, puede notar en su nuca mi respirar apacible, tranquilo y hasta meloso. Solo se cubre con una camiseta de algodón. Me agacho y le doy un beso en el cuello, buenos días o buenas tardes ¿qué hora es?.
En ese acercar mi masculinidad hasta ahora pequeña, incipiente, dormida, ha rozado levemente su rabadilla, al moverme para darle otro besico tenue, desenfadado de buenos días o buenas tardes, que todavía no se sabe en el otro lado del cuello, ha rozado su glúteo, esta sensación hace que muy lentamente se vaya despertando, vaya cobrando vida, al igual que los brazos hasta ahora caídos que se alzan sobre sí mismos y se colocan sobre los hombros de Yago, que sigue, de espaldas, dirigiendo la orquesta de su cocina, cuya música soy incapaz de escuchar pero sí de oler.
- “Buenos días, buenas tardes, buen… lo que sea ¿Qué tal Yago?”
Mis manos que han cobrado vida no se encuentran ya en los hombros, una está acariciando sobre la camiseta de algodón el pecho del magno director de orquesta y la otra, la derecha, menos recatada ha bajado por el brazo hasta el estómago, ha descendido hasta encontrar el borde de la prenda superándolo con descaro se ha introducido entre el cuerpo de tan experto cocinero y dicha camiseta y está ahora repasando con las yemas de los dedos los contornos del ombligo, fuente de alimentación prenatal de aquel al que tiene Guille abrazado.
La izquierda ha ido siguiendo acompasada por las notas insonoras de la orquesta como si de un armonioso vals se tratara el camino que le ha llevado hasta el pubis de ese cuerpo que parece que solo está para las artes culinarias, y se entretiene en ese bosquecillo frondosos del cual mana como manantial de aguas vírgenes un preciado tesoro, ahí en ese momento converge la otra manos para dirigirse a esas aguas que empiezan a embravuconarse. Ya no queda músculo relajado en mí, todo está en tensión, los ojos abiertos, atentos, sagaces, los oídos preparados para recibir cualquier sonido, dispuestos, la respiración es más dinámica, a veces entrecortada, la boca que está muda es antesala de una garganta que traga saliva, no de forma convulsa sino marcada por estímulos corpóreos que concentran en ella un sin fin de sensaciones, ha desaparecido de la piel la raya de la cama, el vello está erguido, la frente suda, en la piel han crecido pequeñitos volcanes, como si los poros quisieran reventar para manifestar al mundo presente una respuesta a un estado de ánimo, ánimo que también viene marcado por el estrepitoso estupor del miembro eréctil y húmedo de Guille.
Es en ese momento casi de clímax sensorial cuando el gran director del impresionante teatro de la ópera fogonil deja la batuta, se olvida de la partitura, interrumpe la obra lleva sus manos hacia su vientre, hacia sus preciadas partes que están siendo ya casi invadidas por las irrespetuosas manos de Guille y agarrando con cada una las dos muñecas del joven, pronuncia Yago las primeras palabras del momento como colofón cumbre a la obra que se está representando:
- “No estoy motivado para tener ahora sexo, ayer me quedé muy mal con esos, …”
No termina Yago la frase, se vuelve, está cara a cara con Guille, se tocan, las narices se tocan, el pecho se toca, los penes se tocan, los labios, las rodillas casi se tocan:
- “Son más de las dos y media, estoy preparando la comida, me imagino que tendrás hambre, venga vamos a cambiarnos y comemos”.
Dice Yago como si nada hubiera sucedido, como si una coraza de hierro hubiera impedido reconocer los roces cariñosos de Guille, las caricias desvergonzadas y juveniles, los toques lozanos de una adolescente realidad en sus prietos glúteos, como si una escafandra le hubiera aislado de los besos que ha recibido en el cuello, nuca, orejas, … como si hubiera estado absorto única y exclusivamente en la faena que estaba realizando, vestido únicamente con una camiseta de algodón de espaldas a la puerta de la cocina.
Me voy a la ducha, “si yo tampoco quería sexo por el sexo” pienso mientras abro el grifo y recibo en mi caliente cuerpo las primeras gotas de agua que resbalan por mi piel volviendo cada poro a su lugar, arrancando las aun presentes gotas de sudor que la excitación del momento había producido, y poca cosa más porque la tensión muscular, la excitación habían desaparecido al oír la contundente contestación: “No estoy motivado para tener ahora sexo”. Abro más el grifo para recibir con más fuerza el agua, me enjabono y me froto y froto para eliminar cualquier atisbo de sensualidad en mi cuerpo, los pies, las rodillas, antes las pantorrillas, piernas, los huevos, las ingles, la …. todo mi cuerpo, la cabeza, cojo champú y el cabello, y pienso,… Sí, realmente Yago tiene razón, qué noche más desastrosa, qué cutredad de gente, un peluquero que vaya regalito, un montón de gays viendo “la pieza de Yago” y carcomidos por la envidia de no catarla, un amigo julandrón que no se corta, un ambiente mórbido, alguna escena de celos, algún desplante que otro, vamos, una delicia de noche, …
Pobre Yago, pienso, lo mal que lo ha tenido que pasar ¿qué podría hacer yo por él para que se le pasara?
Lo de anoche mal, muy mal, pero también, es cierto que el solo se metió en el fregado. Me da lástima, si todos sus amigos son como los de anoche, joder, le acompaño en el sentimiento, pienso. Y mira que empezó bien la noche y hasta nos divertimos en las atracciones y por ahí, pero….
Ya estoy duchado, secado, peinado, perfumado y en mi habitación eligiendo… me voy a poner un slip que parece un bañador “speedo”, amarillo canario con dibujos inconexos negros y rojos, …, me pongo una bermudas de cuadros, una camiseta fucsia y salgo.
Me encuentra a Yago en la cocina sonriente, se ha vestido y afeitado:
- “Hola Guille, ¿qué tal la noche? ¿has descansado? Tendrás hambre ¿verdad? son ya casi las tres y media, venga siéntate he preparado un aperitivo y luego una comida que te vas a chupar los dedos. ¿no te habrá molestado antes verme guisar casi desnudo?”, concluye Yago.
Yo alucino. Como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera sido consciente de lo sucedido, me envalentono y como pienso que esto no puede seguir así le contesto:
- “Y tu ¿qué tal?”
Y con sus mismas palabras le pregunto:
- “¿Ya estás mejor de eso que me has dicho antes que: “ayer me quedé muy mal con esos”?”
- “Si creo, creo que sí, creo que solo necesito unos mimos”, añade.
Entonces, … yo ya no entiendo nada, ¿mimos? Y yo no le estaba dando mimos, entonces ¿qué hacía yo?
Sin darme opción a réplica me dice:
- “Siéntate, hoy vamos a comer con sidra, auténtica, de la buena, ya verás cómo te gusta, he preparado de aperitivo estos choricines a la sidra y este queso de Cabrales.”
- “Pues has acertado-respondo- porque el embutido me vuelve loco y soy un fan de los quesos y cuanto más fuerte mejor, y de comer ¿Qué tenemos, porque lo que sea huele que resucita a un muerto?”.
Ahí estaban los dos, sentados en la mesa, mirando los largueros de comida. Había unos “choricinos a la sidra”, un trocin de queso de Cabrales que Yago había comprado, solo un pequeño trozo, porque no soporta su olor y como Guille había venido pues para que lo probara, un poco de jamón ibérico, cecina, lomo ibérico. Había pan de leña, que Yago había ido a comprar cuando yo seguía durmiendo. Estaba disfrutando de la comida, me encantaba. Yago le dijo:
- ““Jooo, veo que te gustan. Los chorizos son de casa, están poco curados es así como están muy ricos. También los hago al microondas, salen de muerte”.
Mientras, yo seguía comiéndolos ante la atenta mira de mi anfitrión, el cual exclama:
- “Tú come, come que lo que se come se cría, jajajaja. Aunque pensandolo bien, tú ya estas bien servido, jejejeje”.
Terminada la entrada, Yago sacó el siguiente plato. Era un plato típico asturiano. Tenía una base de patatas fritas, acompañado por un buen filete de ternera asturiana, un huevo frito, picadillo -que es la base con la que se hace los chorizos-, tomate natural triturado y un buen “pimiento de porrón”. ¡Qué pinta tenia aquel plato!. Mientras, yo bebía sidra casi sin parar. Yago comento que la bebiera tranquilamente, porque la sidra es muy traicionera que entra muy fácil pero después te da un palo que te puede dejar en el sitio transpuesto. Caso omiso, yo seguía bebiendo.
Terminaron de comer el plato típico, ambos estábamos a punto de reventar. Eran ya casi las cinco de la tarde. Entonces comento:
- “¿Qué vamos hacer ahora?”.
- “Con el día que hace de sol, había pensado en subir a la piscina un rato”-me contesta- después podemos ir a caminar por la senda son unas tres horas, está muy bien. Con este día prestara ir a caminar”.
- “Me parece estupendo”.
Nos ponemos en pie para recoger la mesa, pero cuando me voy a incorporar, me tengo que volver a sentar porque estoy mareado. Yago se ríe y afirma:
- “Te lo advertí. La sidra entra muy bien pero es muy traicionera. No te preocupes en dos horas como nuevo”.
Pensé que estaba como en una nube, que sensación más rara. Me ayuda mi amigo a incorporarme, me lleva a su habitación, me echa en la cama. Me desnuda, me quita la camiseta fucsia, los bermudas a cuadros, dejando solo el slip que parece un bañador “speedo”, amarillo canario con dibujos inconexos negros y rojos. Me da un beso en la frente, se queda mirando mi cuerpo, acariciando el pelo y mi joven torso. Sale de la habitación para recoger la cocina, mientras ahí estaba, solo, en una nube de felicidad, en los mundos de yupí.
Terminó de recoger la cocina y se dirigió para la cama para acostarse un poco. Puso el reloj del móvil sabía que no me despertaría para
ir a la piscina, prefería ir a caminar que pasar un mal rato en la piscina. Entró en la habitación, vio mi cuerpo, tirado boca abajo, completamente desnudo, encima de las sabanas. Se acercó y se sentó a mi lado, comenzó acariciarme el pelo, a recorrer con las yemas de sus dedos mi espalda, veinteañera, suave, los deja deslizar hasta donde tiene fin y comienza otra parte más delicada, esas montañas de placer. Se levanta, me da unos besos en la espalda, recorriendo toda la columna de su Guille, se desnuda se acuesta en su lado de la cama y comienza a dormir, a descansar, mirando a su acompañante, pensando, imaginando, cosas que no tendrá el coraje de hacer. Mientras, yo ronco mi leve borrachera.
Pasa la hora prevista, suena el móvil, Yago se incorpora, sube la persiana hasta arriba, para que entren los rayos de luz, los cuales se reflejan en mi cuerpo, brillando en mi espalda. Giro mi cara, miro con los ojos traspuestos, semicerrados, a Yago que está mirando por la ventana, con la mirada perdida, mirando al vacío, ensimismado en sus pensamientos, con una mirada de tristeza, de soledad, se da la vuelta, y ahí me ve, colocado de forma lateral con mi miembro en un estado semirrecto. Entonces me dice:
- “Pensé que era mejor que descansaras, que subir a la piscina, además tendremos más día en el futuro. Así que dúchate y vamos a caminar”.
Obediente, me levanto, estiro los brazos. Rasco mis partes.
Bajo las gotas del grifo, comenzó a recordar mientras había dormido, que alguien me había tocado, y pensé: “Yago creo que no seria, no creo que lo hiciera, darme esos besos en la espalda. Lo soñaría”.
Me seque y me puse unos slips limpios, las bermudas, una camiseta, y los playeros. Salgo de la habitación, ahí me encuentro con Yago, ya preparado, con unos pantalones cortos de vestir, de tenis, con una camiseta sin mangas y sus playeros.
- “¿Estás? Ya verás cómo te va a gustar”.
Coge el móvil, las llaves y nos vamos con destino a la senda. La senda es un recorrido de siete kilómetros de ida. Esta en medio de prados, tiene bancos. Va paralela a un río, donde se ven patos. Vemos pasar el tren. Aquello es naturaleza, tranquilidad. Se ve mucha gente paseando; normal con el día que hace como para no caminar. Cuando llevábamos un tiempo caminado, se quita la camiseta.
- “Con este día que me dé el sol, que tengo que seguir morenin”.
Hago lo mismo. Lo cierto que es precioso caminar, y que nos dé el sol, calienta; caminando juntos, comentando ciertos temas, nuestras cosas. Y así a lo tonto, después de una hora y cuarto llegamos al punto final, procedemos a dar la vuelta, el regreso no la hacemos por el mismo sitio ya que en el punto kilométrico 5.5 vamos por otro sitio. Mi guía comenta:
- “ Por aquí vas a romper las piernas”.
- “Tú que me quieres matar”. Contesto, aunque lo hago para que mi anfrition, piense que el camino va a ser difícil, pero para mi no es nada, ya que estoy acostumbrado a caminar por rutas por Lleida.
Nos echamos unas risas. Después de un tiempo de subir unas cuestas con una pendiente muy alta, llegamos a un sitio, donde hay un bosque, se puede ver desde lo alto todo La Pola Siero. Buen lugar para descansar, después de más de dos horas andado. Nos sentamos en un prado los dos juntos. Yago se sienta completando el paisaje, me tiro sobre la hierba con los brazos estirados. Estoy realmente cansado, no por el recorrido, sino por el efecto de la comida y de la sidra. Nos deben de quedar sobre unos tres kilómetros para volver. Este casi me mata, pienso.
Lo cierto es que el día ha sido mejor que el anterior. Más pausado, más aprovechado, sin entes extraños a nuestro alrededor. Dejo de mirar al cielo, me doy cuenta que me está mirado, mi rostro se refleja en sus ojos avellana, se acerca cada vez más y me da un beso en la boca. Sus labios se fusionan con los míos, siento placer, calma. Después de darme el beso, se incorpora y expone:
- “Vámonos que sino quedamos fríos y después estos últimos pasos nos va a costar más”.
Me levanto con una sensación extraña. Me ha dado un beso, me ha dado una muestra de cariño que no me esperaba. Durante los tres kilómetros de regreso que nos quedan no hablamos, solo caminar y caminar.
Llegamos a casa, nos descalzamos, Yago me dice que si me apetece bañarme de nuevo con él, le digo que sí. Aun recuerdo ese beso que me dio en el bosque, aun tengo los labios ardiéndome. Nos sentamos al final de la cama, para despojarnos de la ropa, cuando estamos los dos desnudos, nos miramos, comprobamos que nuestros miembros están erectos, siento el latir de Yago que acompaña al mío, completamente sincronizado. El pecho me arde. Mi compañero de caminata baja la mirada, gira la cara, sus ojos enclavan a los míos. Tengo una sensación extraña. Entonces posa su mano sobre mi mejilla, se acerca lentamente a mi rostro…
Y me dice:
- “Guille, cariño, qué insensible he sido esta mañana, pero ayer, lo pasé a la noche tan mal”.
- “No digas nada” -le contesto, le empujo sobre la cama y cae boca arriba, no hablemos, dejemos las palabras para luego, que hablen los sentimientos, que sean los sentidos notarios de nuestra conversación, concluyo.
Me vuelvo y me recuesto encima de Yago, mi pene totalmente erecto se introduce en su ingle, el suyo lo noto en mi vientre, me acerco cuidadosamente, tiene sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos, aproximo los míos y nos fundimos en un cariñoso beso, le mordisqueo sus perfilados labios y noto como su juguetona lengua quiere atravesar la barrera de los dientes y explorar, le dejo y se encuentra con la mía, juguetean, recorren la boca de un lado a otro, una detrás de la otra, como dos chiquillos que interpretan sus historias en la plaza de un pueblo, uno detrás de otro, ahora el otro detrás del uno, nuestros labios jugosos, carnosos, se entrecruzan se abren y cierran, se cierran todo lo que esas húmedas jóvenes alborotadoras lenguas les permiten. Yago no abre los ojos, pero sus pómulos por primera vez en todos estos días ya no están tensos, sus parpados caídos tapan sus ojos color avellana, como telón de una función de teatro principal a punto de alzarse para dar inicio a la representación.
¿Qué representación se va a realizar? ¿Un drama? ¿Una comedía? ¿Una tragicomedia?
No, es una obra inédita, nueva, vamos a asistir en estreno mundial, a la representación en primicia de la verdadera historia de dos almas jóvenes, reales, de carne y hueso, que se han encontrado, que se están descubriendo, la historia de dos personas que se van a entregar de una forma natural, llevados por la pasión y por el cariño que les une. Ya se han comido la boca.
¡Silencio!, ¡Silencio! Que empieza la función…
Ha pasado cerca de cuarenta minutos, todo el cuerpo de Yago ha sido milímetro a milímetro toquiteado, mimado, besado, mordisqueado, pellizcado, masajeado, acariciado, en todo este tiempo, ha permanecido boca arriba o boca abajo, según ha ido dirigiéndole mis manos y mi cuerpo, en todo momento unido, pegado a él, de tal forma que el espectador sólo hubiera podido distinguir un solo cuerpo con varias piernas, varios brazos, dos cabezas,…. Yago ha sido mimado de tal forma, que está exhausto, ha sido ¿masturbado? no sé si esa es la palabra, han actuado primero los labios, luego las manos, después la boca, los pies de Guille, sus pechos, de nuevo la boca, otra vez las manos, … hasta que se ha producido una emanación a modo de júbilo que ha llevado a propiciar después de una tensión total el pleno relajo y descanso de cada parte del cuerpo de Yago. Su rosto traduce paz, armonía, bienestar.
Nadie ha dicho un sola palabra en todo el rato, nadie, algún jadeo, algún pequeño gemido, algún insignificante susurro, todo tan conjuntado en perfecta sincronización, como si la función hubiera estado totalmente milimetrada y calculada el segundo, como si cada acto de esta jovial obra hubiera sido ensayado una y mil veces. Pero no. Esta obra en única e irrepetible.
Estoy sudoroso, deseo a Yago, se ha volcado, se ha estrujado, se ha dedicado a hacerlo feliz, se vuelve, se queda boca abajo, sus curvas al descubierto, su miembro viril al máximo de su desarrollo y potencia doblado sobre las sábanas, resalta el esplendor de su culo sobre la húmeda espalda, y se pronuncian las únicas y hasta ahora primeras palabras de la tarde:
- “Yago ahora tú, hazme tuyo”.
CONTINUARA………
Posted in Relatos | | | 6 Comments
6 Responses to ' Fin de Semana Especial. Capitulo V: TARDE DE DOMINGO '
Leave a reply
Calendario
Ultimos Comentarios
- Ricardo en Secreto confesado
- Eneko en Secreto confesado
- apolo en Secreto confesado
- yali en Fin de Semana Especial. Capítulo VII: DESPEDIDA
- Eneko en Fin de Semana Especial. Capítulo VII: DESPEDIDA
- yali en Fin de Semana Especial. Capítulo VII: DESPEDIDA
- Ricardo en Fin de Semana Especial. Capítulo VII: DESPEDIDA
Subscribete
Buscar
Blog Traffic
Pages
- Last 24 hours: 94
- Last 7 days: 488
- Last 30 days: 1,914
- Online now: 4
on Enero 30th, 2012 at 13:19
Excelente narración, esa parte del primer encuentro sexual entre
Guille y Yago es expectacular, sin decir nada se relata todo, vaya
calidad literaria, en una maravilla poder leer historias así, ¡qué
difícil! es contar con todo detalle sin decir nada, solo con la
insinuación y que la mente del lector invente, algo así solo lo
pueden hacer los verdaderos maestros. Magistral la escena de la
cocina, queda todo dicho, impresionante el ejemplo de la orquesta y
el director de orquesta, vaya inventiva más bien desarrollada,
mejestuoso. Enhorabiena Yali, mis felicitaciones. Molto bene amici.
Report This Comment
on Enero 30th, 2012 at 20:44
Muchas gracias Ricardo. Se agradece mucho tus palabras por la
critica que has hecho al capítulo de hoy. Gracias, simplemente
Gracias.
Report This Comment
on Enero 30th, 2012 at 3:43
Holaaa! me encantó la historia… es buenisima! me encanta leer
blogs. Yo estoy empezando uno, pero es nuevito. Espero algun dia
llegar a tener uno como este. Saludos!
Report This Comment
on Enero 30th, 2012 at 10:39
Gracias. Espero que tu proyecto salga con mucho exito. Muchas
Gracias por leerme. Saludos
Report This Comment
on Enero 27th, 2012 at 16:33
Como ves esta vez he sido puntual jajaja carayy!!! ya era hora de
la accion jajajaja uuummmmm se me han kitado hasta los dolores
jajajaja gran capitulo Yali aunke me asombra que he llegado a
contar tres veces lo que guille se ducha en el dia jajajaja el
pobre yago no ganara pa pagar el agua jajajaja buen capitulo si
señor!!
Report This Comment
on Enero 27th, 2012 at 16:36
jajajaja, es que Guille es un chico muy aseado y que le gusta mucho
la limpieza.Pero bueno no pasa nada, lo mejor para el invitado. Me
alegra de que se te hayan quitado los dolores y que te haya gustado
el capítulo. Un saludo.
Report This Comment