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Fin de Semana Especial. Capitulo IV: SABADO
Enero 18th, 2012 by yali
Le pregunto que qué son esas pastas tan raras, y él me contesta:
- “No son pastas. Son lacitos. Llevan un poco de miel y espolvoreado de azúcar, ya verás que ricos están”.
Se sentó a mi lado. Tenía un café con leche, cogió un lacito y se lo comió, mientras estaba conectado al ordenador, mirando el correo y otras páginas. Probé los lacitos; sí realmente estaban muy buenos. Terminamos de desayunar los dos, recogí la mesa. Yago tomo una balleta para limpiar la mesa, a la par yo metía en lavavajillas los platos y lo demás. Mientras limpiábamos la cocina, me comentaba que me quería llevar a ver Covadonga y ver parte del oriente: Ribadesella y Llanes. Que comeríamos en Cangas de Onis y que intentaríamos estar aquí para las ocho, porque su intención era ir de noche a la “Semana Negra”, un evento anual en Gijón, donde venden libros pero también tienen muchas cosas para el ocio.
- “Voy hacer las camas”, dijo Yago.
Le pregunte si podía usar el ordenador para mirar el correo, mandarle algún mensaje Fran, mis cosillas. Contestó que no había problema alguno.
Mientras yo estaba conectado, él estaba con sus cosas: abrir ventanas, las camas,…
Se presenta en la cocina y dice que ya nos podemos ir. Apago el ordenador, bajamos al garaje, cogemos el coche y nos vamos a Covadonga.
Hacía un día esplendido. Casi hubiera preferido ir a la playa, pero a lo mejor la intención de era de ir el domingo. Así que después de unos 50 minutos de coche, llegamos a Covadonga, una zona de montañas y cerca de los picos de Europa. Aparcamos el coche como podemos, porque hay mucha gente, y me lleva a la capilla donde está la virgen, o como dicen aquí en Asturias, “La santina”. Veo la cueva y como el agua cae en una especie de laguna. Me lleva a una fuente.
- “Bebe su agua de los siete agujeros de la fuente”, dice riéndose.
Le hago caso y explica:
- “Según dice la tradición, el que bebe esa agua, al año casado, jajá jajá.”
Me lo quedo mirando con cara de tonto, y prosigue:
- “Pero bueno, no hagas mucho caso, yo en el 2004 la bebí y sigo soltero y sin compromiso”.
Después me explica que le gustaría subirme a ver los lagos pero que en verano es imposible subir en coche. Así que:
- “Es mejor que nos vayamos para Cangas de Onis para verla”.
De nuevo cogemos el coche y vamos a Cangas. Vemos el puente romano y un mercadillo. Como es pronto, Yago piensa que es mejor comer en Llanes, así tendremos más tiempo por la tarde. Lo hacemos, llegamos después de recorrer unos 40 kms entremezclados con carretera nacional y autopista; aparcamos cerca del puerto y entramos en un restaurante. Comemos en la terraza. El día estaba para ello. Después de comer, visitamos “Los Cubos”, una obra de Chillida.
Una vez visto nos fuimos a Ribadesella. Yago me explica que aquí es donde llegan las piraguas
y me enseña por dónde va el tren fluvial. Después vemos una capilla en lo alto de la colina. Caminamos por la playa, subimos a un área recreativa. Vamos también a una cueva, donde pasan los coches, en un pueblo más allá de Sardalla. Comenta que aquí le trajo una vez su “ex amigo”, se le llenan los ojos de lágrimas. Pasa el tiempo, ya eran las siete de la tarde, ponemos rumbo a casa.
Llegaríamos sobre las ocho y veinte minutos. Al subir, me dice:
- “Voy a preparar un baño. Tengo ganas de darme ese baño que te diste tu ayer”.
Se gira y me pregunta:
- “¿Me acompañas? Se que la bañera es para una persona pero bueno haciendo un poco de esfuerzo”.
No lo pienso dos veces y asiento con la cabeza.
Me dirijo a la habitación y me desnudo. Cojo la toalla que me había dejado allí y me voy a la habitación de Yago. Allí estaba, preparando como el día anterior, pero esta vez desnudo completamente.
Termina de preparar, se mete, me dice:
- “No te quedes ahí como un tonto, entra chiquitín”.
Entro en la bañera y al final nos ponemos de tal forma que estamos cómodos. Frente a frente. Me pregunta que me han parecido las cosas que hemos visto y mantenemos una conversación muy tranquila. Así paso el tiempo programado, nos levantamos los dos, primero salió él y se seco. Entonces cogió mi toalla y me la pasó por encima, me fue secando muy lentamente. Me estaba gustando esta situación. Estaba a punto de darle un beso, cuando de repente me pasa la mano por la mejilla y se da media vuelta, me deja, se pone a vestirse. Ahí me quede yo, parado, sin saber qué hacer y entonces exclama:
- “Anda vístete, chiquitín. No vayas a coger frío”.
Fui a la habitación con una sensación rara. Me vestí, me puse mi colonia, que me había regalado Jenn y marché a la cocina.
Yago estaba hablando por teléfono con un amigo suyo, Nico. Estaban concretando para quedar para salir por la “Semana Negra”. Termina de hablar y dice:
- “Este quiere que cenemos en un Mc. Donalds y después que vayamos para la Semana Negra. Le he dicho que en treinta minutos estamos allí”.
Otra vez al coche, ahora nuestro destino es Gijón. Pasan veinticinco minutos y llegamos al punto de encuentro y allí estaba Nico, esperándonos a la puerta de un centro de ocio llamado “OCIMAX”. Nico era alto, con una cara alargada y hablaba con acento canario. Me saludo y le hace una sonrisa a Yago malévola, el cual sencillamente le dice:
- “Entramos o ¿qué?”.
Una vez terminado de cenar, nos dirigimos a la Semana Negra. Cuando llego, veo de todo: Atracciones, noria, montaña rusa, distintas casetas de miedo; hay casetas donde venden libros, también hay chiringuitos de música. Nico nos lleva a uno de música “House”, es Yago quien dice que no lo soporta y que prefiere ir a ver las atracciones. Nico consiente pero él se va a ver a un camarero que se quiere cepillar. Nosotros dos cogemos y nos vamos a las atracciones.
Nos montamos en la montaña rusa. Subimos y cuando estábamos bajando la primera gran altura, siento como me cogen de la mano. Me sentí muy bien en aquel momento. Estaba disfrutando del momento. Luego montamos en otras atracciones, hasta que nos llamo Nico. Nos reunimos con él, no estaba solo, había otras dos personas. Uno de ellos, era un peluquero, con el que Yago había quedado pero no había cuajado. Ahora entendí el porqué. Era un chico delgado, feo y lo estaba mirando como si hubiera visto al demonio. Tomamos algo en aquel sitio de música “House”, al momento Yago me dice que se va al servicio. Me quedo allí con Nico y con el peluquero.
Ahí estaba yo, escuchando aquella música, con aquellas personas que apenas me hablaban y cuchicheaban entre ellos. Habían pasado unos treinta minutos y Yago no aparecía. Empecé a preocuparme, no podía tardar tanto para ir a mear. Entonces le dije al peluquero y a la otra chica, que iba a buscar a Yago, Nico también había desaparecido. Salí del bar, me puse a buscarlo. Lo llame, pero no me cogió el móvil. Fui entonces, de nuevo, donde los servicios y nada, ahí no estaba. De nuevo volví a llamarlo, pero tampoco lo cogía. No sé por qué fui para un sitio, quedaba al final de la playa, y vi a varias personas. Lo típico, gente haciendo cosillas en la noche; mire mas allá, había como una especie de dique de piedras con un camino con unas barandillas. Estaban hablando dos personas, una de ellas se alejo después de darle un pico al otro en la boca. El otro quedo mirando el mar. La otra persona se movía, cada vez se acercaba más a mí hasta que nos cruzamos. Era un chico de unos 28 años, moreno, pelo corto, guapete, muy bien vestido. Me saluda con acento venezolano. Le devuelvo el saludo. Sigo andando, acercándome, veo que es Yago. Con un tono de voz más alto de lo habitual le digo:
- “Tu ¿para qué tienes el móvil si después no lo usas?”.
Se gira y me dice:
- “No me gusta ese tono de voz. Así que modéralo”.
Sigo hablando con el tono de voz alto:
- “No me parece normal que digas que vas al baño y desaparezcas durante casi tres cuartos de hora, sin saber nada de ti”.
- “Mira chaval, fui al baño y allí me encontré con Ricardo, el chico con el que el año pasado estuve tres horas en mi casa dándolo todo, nos pusimos hablar y vinimos aquí.”
Me comento que había vuelto a Pola de Siero este mes después de haber estado en Barcelona y que le pregunto si seguía viviendo allí, por si algún día podíamos quedar y repetirlo.
- “Y no sentí tu móvil. ¿Contento con la explicación?”, concluyó.
Era la primera vez que Yago me elevaba la voz, que me contestaba de forma contundente, me quede mirándolo, entonces añadió:
- “Además esa puta música me vuelve turumba. No la soporto como a los otros dos personajes que están allí. Por cierto, ¿dónde está Nico?”.
- “Llámalo y así te enteras, no soy tu secretaria. Desapareció de allí también”. Le respondo.
Se me queda mirando y hace un gesto como diciendo, “ese ya se yo dónde está”. Y contesta con un seco:
- “Bueno vámonos para allá”.
Pasa delante de mí, con una altivez que no había visto en el día y medio que llevábamos juntos. Llegamos al bar de antes y entramos. Empezamos a buscar y no había nadie. Salimos, coge el móvil y llama a Nico, y le dice:
- “¿Dónde estás?”, “Ahá”, “ok”.
De repente como de la nada aparece el peluquero y su amiga, como locos. Le pregunta a Yago el peluquero, todo sulfurado:
- “¿Dónde está Nico?, ¿Qué estabais juntos?”.
Entonces le contesta:
- “No, yo fui a defecar y después me cruce con un conocido y me puse hablar con él. Al final, Guille me localizo y vinimos para acá. Acabo de llamar a Nico, para preguntar dónde estaba”.
Mientras sucedía esta conversación aparece Nico, y afirma:
- “Me aburro de aquí, ¿porqué no nos vamos para el centro, para fomento?”. 
Todos asientan. Estaba claro que era Nico el que decidía por el grupo. Eran ya las tres y media de la madrugada y había que buscar un taxi, para ir al centro. Como éramos seis, hubo que llamar dos. Yago se montó conmigo, en uno, los dos solos. Nos sentamos y dijo:
- “A fomento, por la zona del “Buda”, nos puedes dejar”. Y ya no dijo más.
Llegamos al bar, pago el taxi y entramos todos juntos.
Estaba hasta la bandera. Nos pusimos en la zona de atrás, que es donde se reúnen los gays. Yago abrió la boca, para decirme de forma muy seca:
- “¿Que quieres tomar?” Le digo que un agua.
Pide un agua, una cerveza para él y un cacharro para Nico. Estaba claro, que pagaban una ronda cada uno. Encuentra Yago un hueco y se apoya en una pared. Allí se pone hablar con Nico, interrogándolo. Pasa de mí. Abro la botella. Me siento solo. Pasa un rato, consigue hacerme el vacío. Me estaba incomodando, el peluquero no paraba de mirarme. Al mismo tiempo, se acerca un chico, y se pone hablar conmigo. Yago me mira, se percata y me dice con la mirada que me ponga a su lado. Le hago caso, le digo al chico que me llama un amigo. Ambos se miran y se saludan fríamente. Cuando llego, me pone el brazo por encima de mi hombro y me da un beso en la mejilla. El otro chico nos mira y se da media vuelta. Yago queda mirando con una mirada, que nunca había visto. Lo cierto, que aquel beso no lo entendía, era la primera muestra de cariño, de Yago. Por un lado me reconforto, pero por otro al ver como ambos se saludaban era como si se conocieran de algo y dio a atender que aquel beso era como un marcar el territorio, como decirle aquel chico que se alejase de mi.
- “Nos vamos a otro sitio”. Me dice.
Vamos a otro bar y al salir Yago me comenta:
- “Estos quieren ir a un bar de ambiente. Al “Zeus”. Si no quieres no vamos. Yo nunca he estado”.
Le dije que me daba igual. Así es que nos dirigimos allí. Al entrar note una sensación rara. Todos los tíos se nos quedan mirando. Yago, pide un agua, otra para mí. Esta vez paga Nico. Estaba incomodo, no levantaba la cabeza.
- “Voy al baño”. Dice.
Se va y no tarda ni un minuto después. Nico y el peluquero se van al baño juntos. Algo le dice al oído a Yago. Este me comenta, que estos están locos, que van a meterse una raya de heroina. “Me estoy empezando a agobiar. Nada más que vengan le digo que me quiero ir”.-comenta muy sulfurado.
Realmente era normal el agobio. Todos mirando, como una especie de mercado de ganado. “Carne fresca” parece que se decía. Llegaron los otros. Yago mira a Nico:
- “Quiero irme”. Le dice. Al final, nos vamos.
Son ya las seis y media de la mañana. Ya es de día. Nos despedimos del peluquero que vivía allí cerca. Nosotros tres tomamos un bus, nos dejo cerca del centro comercial. Nos despedimos.
Nico me dice:
- “A ver si nos volvemos a ver antes de que te vayas”.
Yago y yo nos vamos para coche, arrancamos dirección Pola. No hablamos en todo el trayecto. Al llegar, me comenta que si desayunábamos antes de irnos para casa. Le dije que vale, como el vea.
No hablo nada de su comportamiento, en aquel bar, ni de cómo se había puesto cuando hablamos en la playa. Dejamos el coche en el parking y nos fuimos andando. Me cuenta que vamos a una churrería, que está abierta, que como está cerca que pasa de buscar aparcamiento. Pasamos por el parque de Poniente que estaba casi al lado. Llegamos, nos sentamos, pedí un café largo, corto de leche, Yago pidió un chocolate y dos raciones de churros. Tenían muy buena pinta pero no están buenos como los de “asturiano” que alguna vez trae mi padre a casa. Otra vez apenas hablamos. Esta situación me estaba desesperando. Terminamos y nos dirigimos para la casa.
Ya en casa, Yago se mete en su habitación y se despide:
- “Hasta mañana”. Y cierra la puerta.
Me quede mirando, no sé muy bien qué hacer. Voy para mi habitación. Cierro la puerta, me desnudo y me meto en la cama, me tapo solo con la sabana. Me pongo a pensar. No me gustaba lo que estaba pasando. De empezar una jornada con diversión, con alegría, … a las últimas horas que habían sido un completo desastre.
¡Qué impotencia!, cómo se había trasformado una situación que estaba siendo muy placentera a un raro momento de claustrofobia. En ese momento pican en la puerta.
- “¿Puedo pasar?”. Era Yago, le digo que sí, que pase.
Abre la puerta, solo lleva un pareo, nada más y se sienta en mi cama.
- “Quiero pedirte perdón, porque al final, después de haberlo pasado tan bien, se enrareció la cosa”. Argumenta.
No le miraba a los ojos, no podía permitir que viera mi expresión, debía ser todo un poema. Insiste:
- “Por favor, mírame a la cara”.
Me estaba hablando con un tono de voz muy dulce, yo no podía mirarlo. Se acerca más a mí y me levanta la cara con su mano, se me queda mirando, ve mi rostro, pasa su dedo por cara me pregunta:
- “¿Por qué así, chiquitín?”.
- “¡No me llames chiquitín!, no me gusta, no lo soporto”.
Sigue pasándome los dedos por el contorno de mis ojos, de unos ojos que reflejan una mirada triste; se queda mirándolos, me acaricia con las yemas de los dedos, de repente, me mira, con una mirada tan dulce y tan acogedora, mientras muestra una sonrisa que marca sus labios, unos labios súper perfilados:
- “Ya sé que te molesta, pero lo hago para hacerte rabiar”. Cogiéndome de la mano añade: “¿Te apetece dormir conmigo?, ¿quieres acompañarme?”. Me quedo mirándole y le contesto un lacónico: “Si”.
Se levanta, me sigue agarrando la mano. Me levanto, paro para coger el bóxer, a lo que responde:
- “No es necesario, no me importa. Yo duermo desnudo también, así que podemos dormir así los dos”.
Los suelto, sin más, y le acompaño detrás. Me deja pasar primero a su habitación, me pongo en el lado derecho de la cama. El se va al lado izquierdo, es allí donde duerme siempre, se quita el pareo. Le veo la espalda. Veo su culo, un culo, redondo, bien subido para una persona de sus años. Tiene unos pequeños michelines, el siempre lo comenta, pero la espalda está realmente bien. Antes de acostarse, comenta que el duerme con la persiana subida, que le gusta la claridad. Le digo que no hay problema, que a mi también me gusta sentir el sol en mi cara. Veo que tiene una leve barriguita, pero repito para tener treinta y seis años no está nada mal y susurra:
- “Venga acompáñame, acércate a mí”.
Entro en la cama, ambos desnudos, solo tenemos la sabana. Se acerca me pasa el brazo pone mi cabeza sobre su pecho. Me siento muy
protegido, acaricia mi cabello, me acaricia mi espalda y me da un beso en la boca, después se queda mirando, al techo, mirando, pensando y me pregunto, qué estará pensando, qué le pasara por esa cabeza. Así me quedo poco a poco dormido, abrazado a Yago, reconfortado. Me quedo dormido completamente.
Yago, mira como me iba durmiendo, como cerraba mis ojos, notaba mi cabeza sobre su pecho. El se siente bien, muy a gusto. Es la primera vez, que le gusta dormir acompañado, y piensa: cómo me gustaría, poder besarlo, comerle los lóbulos de las orejas, como poder besar ese cuello, poder acariciarlo, poder recorrer con su lengua su pecho, besar, comer ese miembro que tiene, ¡¡y qué miembro!!, poder darle la vuelta, recorrer con sus dedos, esa espalda, llegando a ese culo, y poder disfrutarlo, poco a poco, trabajarlo para que se relaje, para después poder penetrarlo, hacer el amor con él, sentir como se introduce su miembro, esa cosa tan fina y tan menuda al lado de la de él, ver como le miro cuando me hace el amor, moverse dentro de mi mientras mira mis ojos, besar mis labios. Luego, piensa, pajearnos juntos, los dos, mirándonos a los ojos. Incluso se dejaría dar por mi, aunque le doliera, aunque no se notara cómodo, porque conmigo, estos días Yago se ha visto rejuvenecer. Y para sus adentros se dice:
- “Soy tan estúpido, de hacer cosas, comportamientos tan bordes, como el de hoy, que así muchas veces me pasa lo que me pasa. Debo contenerme, debo hacerlo para que no piense que solo quiero sexo, quiero seguir teniendo una buena relación con Guille. Quiero que nuestra amistad dure, pero no me atrevo a dar el paso, por si acaso se estropea. Soy tan mayor para él, diecisiete años de diferencia. Creo que esto es lo mejor, mejor esto que nada, me siento tan bien”. Y prosigue: “Me gusta su olor corporal, es tan afrutado, me gusta sentir su piel tan fina, tan suave, me siento cómodo viendo como su cabeza está sobre mi pecho, levantándose mientras yo respiro……”. Y así Yago con sus pensamientos se queda también dormido.
Así estamos los dos, desnudos, abrazados, durmiendo tan plácidamente, con unas caras que denotan felicidad, con nuestros sueños, nuestras ilusiones, con los rayos de sol, dándonos en los rostros, en unos rostros que al final están tranquilos, alegres…
CONTINUARA………
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on Enero 23rd, 2012 at 21:56
Bueno ya tocaba que el capitulo subiera algo de temperatura pero
debo decirte que no me gusta para nada la actitud de Yago, si me
hace a mi lo del baño… lo busco, le digo que me lleve a casa y a
la mañana siguiente me piro, llamame radical pero asi no se trata a
un invitado, ya follaras cuando se valla no?? y en el bar… bueno
bueno bueno, con la mirada le dice que??? da la sensacion de que
Guille es su puta, entiendo que es por protegerle del pulpo que se
le abalanza pero hay formas de acerlo…. y para rematar te
digo…. que a esa fuente tengo que ir a beber de los 7 agujeros
jajajaja besos Yali, artista.
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on Enero 23rd, 2012 at 22:02
Interesante critica de uno de los lectores que mas criticas
constructivas me ha dado, jejeje. Tienes razón en que asi no se
trata a un invitado, pero hay un dicho, “donde hay confianza da
asco” y eso es lo que pasa, que hay demasiada confianza. Me ha
encantado mucho estas critica, me he divertido, jejejej. Gracias
Apolo. Besos.
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on Enero 23rd, 2012 at 14:09
Enhorabuena, tratas con gran dedicaleza el tema de la amistad,
tiene que ser un placer ser amigo tuyo, porque solo quien ama y
quiere a sus amigos, quien es amigo a tiempo completo puede
redactar la amistad como lo vienes haciendo en esta tu historia. Un
poco farragoso la escena de la cama quien acaricia a quien, quien
mira a quien, se confunde con el tu, el su, el yo o el él, vaya lío
¿no?. Por lo demás, sensacional, deseando ya el nuevo capítulo.
Muchas gracias y un saludo, me descubro ante tu escritura. Desde
Italia con esa “morriña” que dicen los gallegos hacia todo lo que
me recuerda mi querida España. Un saludo Ricardo.
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on Enero 23rd, 2012 at 15:21
Muchas gracias por tus palabras. Cada día intento mejorar en mi
vida. Esa mejora deseo plasmarla en mis escritos. Un recuerdo desde
España. Espero que en Italia este iendo todo correctamente. Un
saludo. Yali
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on Enero 19th, 2012 at 3:30
Me tienes enganchadito al relato y muy bonitas las fotos. A parte
que se nota que eres un guia turístico genial. . Sigue así.
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on Enero 19th, 2012 at 10:32
Gracias por tus palabras. Me gusta mucho que la gente que lee los
relatos exponga su paracer en el mismo. Espero que te sigan
gustando los próximos capítulos.
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