yaliloquios

Maluba

Agosto 26th, 2011 by

Como quien no quiere la cosa, solo, triste, melancólico y hasta casi fracasado, sentado en ese banco de aquella plaza sucia, descuidada donde ya no acudían los abuelos, donde ya no corrían los chiquillos, donde ni picoteaban los gorriones. Parecía desde que había ya hace tres años venido en patera después de un recorrido infernal, que todo, todo su mundo se venía abajo. Todo su existir parecía ahora que ya no merecía la pena, a sus 21 años Maluba, había vivido mucho más que tantos jóvenes de su edad, seguro que casi todos los jóvenes que se habían quedado a mal vivir en Togo, su país natal.

 

Se hacía de noche e irremediablemente debía volver a su apartamento, hogar, cochambroso hogar que compartía con Paco un músico santanderino venido a menos desde que dejó la charanga de su pueblo, Torrelavega, y con aires de grandeza vino a la ciudad en busca del éxito y del afamado público, aplauso esperado que si no se cuenta el de un puñado de generosos y rápidos viajeros del metro, no había encontrado en Madrid.

 

Hogar pobre que compartía con Bernardo un veterinario que después de su divorcio se había hundido en su “puerca miseria”, un trabajador incansable que entre deudas, hipotecas, pensión alimenticia para sus hijos, y sus malas administraciones económicas, que en definitiva fueron el inicio y final de su separación y divorcio le estaban llevando a la ruina. A Bernardo le salvaba su capacidad para el trabajo y que su multiplicidad laboral le reportaba unos ingresos para al menos, mal vivir al día.

 

Lugar, ese apartamento compartido en cuarto lugar por una antigua prostituta ahora metida a taquillera de unos multicines no porque se hubiera redimido de su antigua profesión, no porque su proxeneta le hubiera dado carta de libertad, sino porque su ultimo, y así fue efectivamente, cliente la inutilizada al verterle en un ataque de locura, tuvo que ser, acido en su herramienta de trabajo, y como alguna vez decía Penélope, con un chocho chamuscado ¿Quién trabaja? Solo le consolaba a esta vieja y pobre ex-ramera, que aquel su ultimo cliente en un ataque de “grandeza” después del regalo que le dejó, quisiera sentirse un ángel como el decía y un buitre como corregía Penélope y volara desde el sexto piso del burdel de la calle Fuencarral donde Penélope ejercía, claro quien no está entrenado, no vuela, como afirmaba con rotundidad y cátedra la vieja Penélope cuando relataba sus hazañas.

 

Maluba parecía que sentado en aquella plaza quería repasar antes de volver a ese dispar pero de alguna manera acogedor hogar y tener que contar a su fingida “familia” su cruel realidad, su vida, su joven e intensa vida.

 

De su infancia no recordaba mucho, solo el día de aquel rito donde reunieron a todos los niños de su edad, tendrían unos cinco añitos, que vivían en la aldea, los lavaron muy bien en el río y metieron a todos en una cabaña, era un tema tabú, nadie les decía que pasaba, ellos sabían que aunque nunca les habían dejado pasar a ver nada, y los apartaban de esa fiesta, cada año cogían a un grupo de chicos, todos niños, los ponían en una choza, bailaban y cantaban los mayores, tocaban los tambores, oían gritar a los niños, algunos llorar, y hasta dentro de unos días ya no los volvían a ver por el poblado y ya desde entonces se cubrían con un pequeño trapo su sexo. Debieron estar unas seis horas, ninguno se atrevía a decir nada, entraron unas mujeres ninguna era la madre de ninguno de los ahí presentes, les untaron todo el cuerpo con manteca de vaca y ceniza y su piel negra mutó a blanca. Escucharon tambores, cantos, alborotos, ¿fiesta? Maluba tenía, sueño, hambre y un miedo terrible, el y sus amigos, todos, se habían ido a una esquina, de uno en uno, pues no se podían aguantar, y no querían que los viesen mojados. Entró alguien, cogió a uno de ellos, silencio, un chillido, y otra vez los tambores, se volvió a abrir la puerta, otro, lo mismo, silencio, lloros, amargos lloros y de nuevo los tambores. Maluba, estaba muy serio, aterrado, ya no tenía ni hambre ni sueño, por tercera vez se abrió la puerta, entró alguien cogió del brazo a Maluba y lo sacó a la calle.

 

En aquella plaza, recordaba, sudaba y casi se angustiaba como aquel día. Todo eran hombres, pintados, vestidos de fiesta, en el suelo un tronco con sangre, sentados dos hombres uno al frente del otro, el que había entrado en la cabaña entregó al niño a uno de ellos, se lo sentó sobre sus piernas, lo abrazó fuertemente de tal forma que no podía moverse ni el ni sus brazos y se quedaba mirando al otro hombre, uno que nunca había visto por la tribu, le abrieron sus piernas, le acercaron el tronco, con un cordel le sujetaron la punta de su cola, por donde hacía poco había orinado en la esquina de la cabaña con el resto de niños asustados, el hombre que no había visto nunca Maluba, dijo unas palabras que el no entendió tiró del cordel con fuerza poniendo el pequeño y frágil pero sensible miembro del niño sobré el tronco y cuando terminó de hablar con un cuchillo le asestó un  certero golpe que seccionó la piel del resto del miembro, Maluba gritó y cayó desmayado sobre el brazo del que le sujetaba. Con lágrimas en los ojos recordó cómo se despertó en su casa, con el su madre, con dolor donde le habían cortado y que ahora llevaba unas hojas y unas lizas que le hacían de atadura, su madre le frotaba la frente con agua y le explicó que eso era para que se iniciara como hombre.

 

Recordaba su primera experiencia sexual, como todos los críos de la tribu, en el río, toqueteos, y miramientos entre ellos, comparaciones, averiguaciones, para terminar en una incipiente e insegura masturbación, acciones que se repetirían a menudo y lo harían entre todos los del grupo, en la aldea de Maluba hasta los 16 años que era cuando los adolescentes recibían la lanza de guerrero y pasaban su duro, durísimo rito de iniciación a la tribu, y podían elegir novia, los chavalillos hasta ese día no se relacionaban con chicas y era muy frecuente entre ellos relaciones homosexuales, permitidas hasta el día de la iniciación porque una vez nombrados guerreros eran practicas abominables que determinaban el destierro o hasta la castración o ambas cosas de los implicados. Maluba no había sido distinto al grupo, además aquel viejo había sido muy certero y le había quedado un aparato de muy buen ver, era alto, mas que la media de sus compañeros, estilizado y delgado, y todo lo tenía en proporción.

 

Una tarde en el río hubo una tormenta, la mayoría de los muchachos corrieron a la aldea, Maluba y  Sase se quedaron en el río, al poco escampó y volvió a clarear la tarde, como les había dado algo de respeto la tormenta se habían abrazado, y se habían notado aquello con los que otras veces habían jugado, dentro del agua al notarse se tocaron ambas empezaron a crecer, con desvergüenza, juguetonas y los dos chicos comenzaron a masturbar a su compañero, el agua algo les molestaba y decidieron salir a la orilla, al salir Sase resbaló un poco y puso una rodilla en el suelo, el miembro erecto de Maluba, quedó a la altura de sus labios. Sase tenía unos labios gruesos, carnosos, que parecía que la naturaleza le había dotado para saborear las frutas de la selva que rodeaba a su poblado, pero no fue ninguna fruta del bosque lo que saboreó, se acercó a su compañero que estaba inclinado preocupado por la leve caída, le tomó por el culo y lo acercó hacia si introduciendo el miembro de Maluba en su boca, no solo fueron los labios, fue la lengua, las repetidas succiones, el introducir y sacarlo de la boca lo que hizo que éste se viniera pronto y juvenilmente sobre la boca de su amigo que aun permanecía arrodillado. Como Maluba manifestó placer y bienestar, “lo mejor que le había pasado en sus 13 años de vida”, Sase también quiso probar, se tumbó en la orilla, y Maluba trabajó como pudo, si decimos que con maestría mentiríamos porque todo era nuevo para el chaval, pero lo hizo y logró que después de unos movimientos placenteros del amigo este también lograra eyacular. Ambos de nuevo volvieron al río para lavarse y acertaron de pleno pues a los pocos minutos llegaron varios hombres del pueblo en su busca pues pensaron que la tormenta les podía haber causado algún percance.

 

Cuando se reunían en el río, los crios se contaban sus cosas, sus avances, sus experiencias, concursaban, a ver quien eyaculaba más, a ver quién lo hacía más lejos, el tema de hacérselo con la boca uno a otro también lo habían descubierto otros y era práctica habitual entre los chicos. Uno de ellos una tarde contó que había visto a su hermano un par de años mayor que el subido encima de otro y con el miembro introduciéndolo por detrás por el agujero negro de las posaderas, que veía que se lo pasaban bien y que al poco lo que ellos se hacían con las manos o la boca le salía a su hermano solo que se incorporó y regó todo el muslo del otro. Todos alucinaron. Marcharon a sus casas pensando en una nueva forma de divertimento sexual.

 

Y aunque la tarde que Fappe descubrió a su hermano observándolo, le disgustó mucho y después de haberse limpiado junto a su amigo le habían pegado una paliza al pequeño por mirón, accedió a ir al escondite del río como maestro de otras artes sexuales.  Recuerda Maluba, ahí él solo, apartado en esa plaza, antes de hacer partícipe su desgraciada existencia a  Paco, a Bernardo y a la estrafalaria Penélope, como Fappe le enseñó los trucos para penetrarse entre chicos, cómo había que lubricar aquello para que entrara sin dificultad, sin hacer daño, que el dolor que produjera virara de inmediato a placer, cómo dilatar, introduciendo un poquito la yema del dedo después de haber masajeado el orificio, luego un poco mas de dedo, cómo debía dar vueltas dentro, cómo entrar y salir, recuerda a todos como atendían ávidos de experimentar esas sensaciones que el chico mayor les narraba, luego pasado los días recuerda cómo fue esa primera vez que penetró, como su miembro no cabía de ninguna de las formas, cómo le dolía tanto su extremo anterior del miembro al topar con la estrechez de su amigo que hasta se deshinchó, como algo parecido le pasó a su amigo cuado fue Maluba el que se tumbó para que entrara en él y eso que recordaban a la perfección las lecciones de Fappe. Y aunque los chiquillos no conocieran la existencia de un tal Diógenes y de su sentencia que el movimiento se demuestra andando, y ni falta que les hacía, fueron podríamos decir que practicando y obteniendo unos resultados más que favorables, más si tenemos en cuenta que lo que les interesaba era única y exclusivamente el placer, en ninguno de los casos se establecía relación de pareja, ni fidelidades ni otros conceptos por el estilo muy instaurados en las civilizaciones del hemisferio norte.

 

Así fueron pasando los años, pocos para los europeos, una eternidad para los africanos, en África siempre parece que el tiempo corre más despacio, unos según las costumbres de las sagas familiares iban más a pescar, otros aprendieron a trepar por las palmeras y cocoteros a por dátiles o a por cocos, otros como era el caso de Maluba aprendió el arte de cazar con arco y flecha, en los momentos de ocio seguían yendo al río, seguían teniendo sus juegos sexuales dominaban la felación, la penetración anal, unos gustaban más de introducir, a otros les iba mas ser poseídos, otros mitad y mitad, la sociedad es variada y también lo era en la tribu de estos chicos, chicos que se acercaban ya a los 16 años y estaban dispuestos a pasar una prueba, dura, casi salvaje, porque deberían demostrar ser dignos de entrar en el grupo de los guerreros, era el título de hombre, y la lanza entregada y la opción de tener novia sus atributos.

 

Recordaba Maluba todas esas vivencias de su niñez, su infancia, su juventud, lo hacía con nostalgia, su vida había sido dura, tanto en la tribu, como en su viaje a Europa, como lo iba a ser ahora después de unos años de felicidad robada a su gafada existencia. Recordaba cómo se habían preparado para ese rito de iniciación, sabían por otros que no sería fácil. Había bajado al río a despedirse de su etapa infantil, ahí ya no volvería a jugar más, a sus 16 años ya le había llegado su prematura madurez, por arte tribal dejaba de ser niño en unos días y se transformaba en adulto con todas las consecuencias, estaba pensando esto cuado le cogió por los hombros un brazo amigo, Sase, cuantas experiencias juntos, cuantos recorridos juntos, cuantas aventuras juntos, no mediaron palabras entre ellos, se despojaron de sus taparrabos y de la correa que llevaban a la cintura de donde colgaba un pequeño machete, desnudos cara a cara se miraron, sabían que iba a ser la última vez, y juntos querían de nuevo volver a experimentar sensaciones muy sabidas, muy conocidas pero que les encantaban, como esos labios carnosos gruesos de Sase magistralmente saboreaban el miembro de Maluba, como esos dedos largos ágiles de éste acariciaban y se introducían por todos los recovecos de su compañero de fatigas hasta que se introducía en su agujero más intimo y entonces el joven perdía la consciencia y se abandonaba a si mismo. Maluba se acostó después del baño que ambos se había dado para limpiarse los borbotones del seminal licor que juntos se habían derramado en uno sobre el otro, mojado, desnudo boca a bajo en la orilla del río, Sase se sentó a su lado, el primero le cogió su miembro, que estaba fresco por la acción del río y juguetón, no le costó mucho a ese juvenil falo ponerse en posición erguida, impetuoso. Se acercó al ano de su compañero, lo estimuló, con la yema del dedo, con la lengua, escupió sobre el y cuando lo consideró lubricado suavemente, se introdujo, muy lentamente sin marcha atrás, avanzó, avanzó abriéndose camino, haciéndose hueco, hasta que sintió un gemido de placer del joven Maluba, unión perfecta, amor, sexo, ¿qué fue? Es lo de menos porque cuando terminó por completo Sase dentro de su amante ambos experimentaron una sensación grata de felicidad. Cambiaron las tornas y fue Maluba quien penetró ahora, lo buscó y lo encontró, lo logró llegó a ese estado de bienestar que los eruditos llaman orgasmo pero que para dos chavalines adolescentes en plena selva de Togo era solo parte de su cielo, sacó su miembro a punto de ebullición y se vino totalmente por toda la espalda del compañero que extasiado por el placer permanecía inmóvil en la orilla del río.

 

Ambos sabiendo que había sido su última vez, contentos por lo alcanzado, volvieron a la aldea, era la última noche en la cabaña con su familia, al día siguiente comenzaban una nueva historia.

 

¿Qué habría sido de Sase? Desembarcó con él, en Algeciras, habrían logrado llegar tras una horrible travesía a España, ya hacía tres años de esto, Sase con su mujer embarazada de su tercer hijo, los otros dos los había dejado en la aldea, al igual que la mujer de Maluba y sus tres niñas, por las que todas las noches lloraba su misión que ahora terminaba en la tierra de provisión, España, había sido única y exclusivamente por ellas, nada de su vida le iba a costar tanto como ahora, ni aquella durísima prueba, el rito de iniciación.

 

Los jóvenes, cada uno en la puerta de la choza esperaban al jefe de la tribu, todo el poblado se había congregado, expectación por reconocer a esos jóvenes que iban a pasar días en la selva solos, marchaban de muchachos, volverían de guerreros. El jefe pasó uno por uno por cada joven, les quitó el taparrabos y la correa de la cintura de la que pendía el machete, les dio a cada uno un arco y cuatro flechas, les vendó los ojos y un grupo compuesto por varios hombres llevaron a los muchachos a distintos lugares de la selva y ahí los abandonaron, no todos los años volvían todos, era le ley, debían permanecer fuera tres lunas, hasta entonces no podría volver. Pasaron los cuatro días y los jóvenes fueron apareciendo, algunos con rasguños, otros cojos, pero felices regresaron, en esta ocasión solo fallo uno, a los pocos días lo encontraron comido por las alimañas en un claro de la selva, nadie supo lo que le pasó y nadie se lo preguntó, cuando volvían no había terminado todo, debía establecerse un orden de prioridad para establecer  un escalafón, y como si de la fuerza bruta y la irracionalidad se tratara, según llegaban los chicos, estos eran atados a una palmeras, abiertos de brazos y piernas, y eran fustigados con varas de junco hasta el desmayo, no importaba que se cortara la piel, no importaba que esos jóvenes cuerpos se desgarraran a cada latigazo, no importaba que sangraran por toda la espalda, todo el culo o todas las piernas, lugares de recepción de los certeros latigazos, 23 recibió Maluba y cuando el 24 sibilantemente se acercaba para hundirse en su rasgado glúteo este se desmayó, recibió el que hacía dos docenas pero no contabilizó, ya se había caído sobre si mismo y la crueldad del rito lo hacía incontable, de todas formas fue el que más resistió, fue el primero de ese maldito escalafón.

 

Pasados los días, y repuestos los ya guerreros de la suerte de los varazos, de lo que propiamente podrían decirse juncazos sobre sus desnudos cuerpos llegó la fiesta de la elección. Ya se había hecho caso de noche cerrada y ahí permanecía en esa plaza más solo que nunca. Se mezclaba las sensaciones agridulces de la fiesta del guerrero, donde todas las vírgenes del poblado engalanadas con sus mejores adornos danzaban alrededor del guerrero novel dotado ya de lanza para que estos por orden de escalafón eligieran la que sería su pareja. Y lloró, lloró con desesperación porque recordaba como aquella bella muchacha de quince años que había elegido para él, ahora estaría sufriendo pasando hambruna y él había fracasado.

 

Jurama, había sido la elegida, casi con la única sonrisa esbozada en toda la tarde noche, Maluba recordaba cómo fue su primera vez con una muchacha, hizo lo que él sabía, la acarició, como no tenía miembro, obvió esa parte, eso si de forma instintiva le acarició sus pechos, sus pequeños pezoncitos, y se dedicó a hacer lo mejor que sabía, le estimuló el ano, lo lubricó, lo dilató y lo penetró disfrutando de una forma algo distinta de cómo lo había hecho hasta entonces, pero nadie la había explicado que precisamente en la mujeres hay otro lugar para dar y recibir placer, casi el lloroso Maluba llegó a la carcajada, menudo episodio, aunque también es cierto que no les costó mucho a ambos saber acoplarse perfectamente, a Jurama perder su virginidad y antes de un año, con los 16 recién cumplidos quedarse embarazada de un joven padre de 17 años.

 

La añoranza de su querida Jurama y sus tres hijas, por quienes vivía, por quienes trabajaba, por quienes luchaba aunque pareciera imposible le hizo retomar su jodido existir, levantarse y comenzar ese rumbo que no quería existir.

 

-         Malu, Malu, ¿eres tú?

 

Era Marcelino un compañero de la Empresa Municipal de Transporte donde trabajaba Maluba.

 

Después de unos metros el africano le había contado sus desgracias a Marcelino, había llegado la hora de renovarle por cuarta vez su contrato eventual de trabajo y la empresa se veía obligada a contratarle como fijo, optaron por el camino fácil, no hacerlo, por tanto al no ser despido no tenían que indemnizarle, se iría en quince días de la empresa igual que entró sin nada, paro le quedaría unos meses ¿y después? Si el no mandaba más dinero a su familia, estas morirían. Marcelino le propuso un plan:

 

-         Mira, yo cuando necesito dinero tengo un contacto que me busca determinados trabajos, solo es necesario tener un cuerpo como el tuyo, es un trabajo digamos de modelo, y los chicos de color son muy buscados, además te he visto en la ducha del taller, es más me he fijado en ti y seguro que les gustas.

 

Maluba tenía un cuerpo joven y estilizado que en el tiempo que llevaba en España alimentándose bien y con el ejercicio que realizaba a diario limpiando los autobuses de la “EMT” había cogido músculo, su color era intenso, de esos subsaharianos  oscuros y brillantes y en el si se cumplía eso que los negros la tenían más grande que los blancos.

 

-         No se si yo, tal vez no sepa realizar nada de lo que me pidan, casi no se leer.

 

Comentaba Maluba un poco confundido.

 

-         Va, Malu, va, yo te acompaño, te presento y a ver que te dicen, mira mañana al salir del taller te espero y vamos.

 

El lugar parecía un sitio elegante, chicas y chicos guapos pasaban por los pasillos, un hombre con una larga barba, un chaleco lleno de bolsillos y una gran cámara de fotos colgada del cuello saludó con un movimiento lateral de su cabeza. Pasaron a un cuarto donde había dos focos y una silla, entró un hombre calvo, gordo, a Maluba le pareció viejo.

 

-         A ver Marce ¿qué me traes?, ¿cómo te llamas chico? Deja tu ropa en la silla y desnúdate a ver que escondes y que se puede hacer contigo.

 

Fue Marcelino, el que le explicó y hasta contestó por él cómo se llamaba, aunque en el taller respondía por Malu, el que le explicó que tenía que quitarse la ropa, que no protestara que dependía del señor Salazar ahora mismo su futuro profesional. Y aceptó. A regañadientes aceptó, se quitó la camisa, los zapatos, el pantalón, miró a Marce, este asintió con la cabeza, y terminó quitándose el calzoncillo, y obedeciendo al señor Salazar dejó todo sobre la silla

 

-         Muy bien, muy bien, no tiene malas pintas el negrito.

 

Y como si fuera un caballo en una feria de ganado se acercó al joven chico de color le tocó el brazo, los muslos, le abrió el culo observando el ano, le cogió el pene, se acercó a la cara lo miró fijamente y sentenció:

 

-         Bien, bien, bien, ojos penetrantes, buen culo, buenas hechuras. Me gusta. Me jode que todos estos tengan la polla cortada por esos ritos salvajes, pero para encontrar uno entero, … además estará ya desvirgado, estos negros en las tribus se dan por culo hasta que los casan. Vístete ya ¿Melu? ¿Molomba? Bueno como quiera satanás que te llames. Vente el sábado hay que hacer una publicidad de cazadoras, si vale alguna foto 1000 euros, si no nada.

 

No sabía si estar contento, había sido una vejación, que asco, solo de había faltado que le hubiera metido el dedo por el culo, el viejo y gordo, era el amo, era desagradable, 1000 euros por unas fotos no estaba mal, probaría.

 

La mañana había salido algo lluviosa en la terminal 4 del aeropuerto de barajas, era lógico en una mañana otoñal, después de mas de cuatro años y medio Maluba volvía a su país, volvía contento, iba a reencontrase con Jurama y sus tres hijas a las que de no ser por unas fotos que de vez en cuando recibía no conocería, y su felicidad era completa porque regresaba para recogerlas y traérselas a España, se había podido establecer y ahora regentaba un garaje de su propiedad donde además de cuidar de los coches los limpiaba.

 

La vida anterior a conocer al señor Salazar no había sido nada en comparación con la crueldad de aquel sábado donde había ganado sus primeros 1000 euros, luego vendrían mas humillaciones,  más… casi ni había palabras. Aquel temor de que le metiera ese gordo, viejo y calvo el dedo por el ano no había tardado en producirse

 

-         Lo sabia, lo sabía estos negros se dan por el culo como los monos, vamos todos vienen de la selva.

 

Pero eso no fue lo peor, ejercer de chapero, acceder a los caprichitos de los amiguitos y amiguitas del Sr. Salazar amo y dueño de todo lo que estaba a su alrededor, sentirse cada día utilizado, había por hacer hasta de actor porno. Nunca había tenido relaciones con otra mujer que no fuera la suya, y ciertamente las mujeres blancas, no era asco lo que le daban pero si tenía un cierto distanciamiento natural hacia ellas. El sexo con otros hombres lo entendía de otra forma, para él de joven sus experiencias gays siempre habían sido un juego, un placer por un placer, y ahora era por dinero, no le gustaba, pero podía abstraerse, pero con mujeres, se le hacía cuesta arriba. Una tarde estaban seis o siete hombres desnudos sentados en otros tantos sillones con una copa en su mano, otros un puro, y había un escenario en el centro, Maluba fue introducido en una jaula, a modo de semental, y salía una chica negrita, desnuda que bailaba para esos babosos, a Maluba le acongojó, una chica de su raza, excepto su mujer nunca había visto a una así, totalmente desnuda, provocando, enseguida comprendió el número, al abrirse la jaula el debía como le gritaban, poseerla, de forma salvaje, de forma animal, le costó un montón, hasta que la chica le susurro sin que los espectadores se dieran cuenta, no seas tonto que estos babosos en cuanto la metas se corren y nos dejan tranquilos, y así fue.

 

Maluba se estaba duchando y pensando lo que había realizado con esa chiquilla, primero la había penetrado por detrás, la verdad es que no había llegado a la máxima erección, pero si algo habría aprendido había sido a fingir, luego le había realizado una felación acompañada rítmicamente a los movimientos de la boca por los jadeos de los señorones que intentaban masturbarse imaginando los labios de aquella negrita en sus miembros arrugados, iba a penetrarla, mirándola  a la cara cuando uno del público gritó desaforado:

 

-         Así, no, así no, a cuatro patas, como los monos, fóllatela como los monos.

 

En la ducha. Maluba de nuevo lloraba al igual que los hizo en el momento que eyaculó sobre los glúteos de su compañera que permanecía todavía apoyada en sus dos rodillas y sus dos manos en el cutre escenario donde se había representado no se sabía muy bien qué fantasía de dos africanos.

 

Sentado en la cafetería del aeropuerto, con un café solo, cargado, fuerte, expreso, sin azúcar, que sorbito a sorbito paladeaba. Repasaba y no había habido ningún momento agradable, en todo ese tiempo hasta que logró deshacerse de las garras del horripilante Salazar.  Casi un día fue diferente, aquel día que Mikel un fotógrafo de la compañía se le insinuó y por sorpresa empezó a besarle el miembro con la excusa de acercarse a él para hacerle un primer plano, se dejó llevar, al principio le recordaba los grandes y carnosos labios de Sase, qué sería de Sase habían pasado más de cuatro años y medio, mucho tiempo. Mikel aun estuvo entregándose un rato, no lo hizo mal, al menos no fue despiadado como otros, no le llamó ni negrazo, ni Kunta Kinte, ni dijo nada por el estilo de que se iba tirar a ningún mono, parecía que en esa ocasión estaba disfrutando, realmente su miembro estaba activo como casi nunca, estaba explosivo, erecto cual barra de hiero, y de forma natural, no había tenido que echar mano de cremas o pastillas tipo “viagra” para obtener esos resultados, pero al final, y reconocía que el trato que le había dispensado Mikel era excelente, al final perdió todo el embrujo de la situación, porque mientras el fotógrafo se limpiaba la boca del generoso contenido derramado por Maluba abría su cartera y de daba 100 euros:

 

-         A este precio me dejarás que me la coma otro día ¿verdad Malu?

 

Como siempre, ni en esa ocasión, solo en esa ocasión había valido la pena si no por el dinero.

 

Ser africano, no tener prácticamente estudios, ser joven, o ser negro, no le hacen a nadie ser tonto, la inteligencia, la intuición son dones como el de la belleza que aunque se pueden cultivar no se pueden adquirir. Maluba había ido enviando a su mujer e hijas dinero, puntualmente, mensualmente, la misma cantidad que mandaba cuando trabajaba en las cocheras, y el resto lo había ido guardando y ahora iba  a poder disfrutar de sus esfuerzos sacrificios y despiadada vida.

 

Fue una tarde de miércoles cuando llamaron a Malu a su domicilio, tenía en trabajito, y quien le pasaba el mensaje se reía, una acaudalada señora, inglesa, le iba  a pagar 2000 euritos por pasar una rato en el hotel con ella. Cuando abrió la puerta no se lo podía creer, si no pesaba 200 kilos no pesaba ninguno, se le caían las carnes por todas partes y gritaba como una posesa, encúlame, encúlame, era lo único que quería, ser penetrada analmente, exhausto y rendido Maluba, después de la décima vez, y tres horas en esa masa grasosa inglesa y tras un despectivo, “vete ya”. Fue al lavabo y vomitó. Daba un último sorbo al café y aunque el recuerdo se le hacía agrio, le invadía una sensación de felicidad al entender que ahora comenzaba su triunfo, se había sabido deshacer de esa mórbida existencia y un nuevo paraíso se abría en su todavía joven vida.

 

-         Caballero, caballero, por favor, perdóneme usted, incorpore su asiento y abróchese el cinturón que vamos a aterrizar.

 

Ya había llegado, y pensaba encontrarse a su mujer, a su querida mujer y escaparse a la selva y correr los dos, desnudos, como hacía ya casi mas de cuatro años y medio que no lo hacían, y al llegar al lugar, a ese lugar exacto y no a otro, abrazarse y amarse y penetrarla mientras contemplaba su sincera mirada, fundidos ambos y apoyados en el árbol mágico del amor.

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7 Responses to ' Maluba '

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  1.    Matias said,

    on Agosto 27th, 2011 at 11:13   Responder

    Recapacita sobre lo soez, se puede hablar de sexo y ser elegante,
    hazlo tipo “Aquel chico” hay sexo y no se cae en la vulgaridad

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    •    yali said,

      on Agosto 27th, 2011 at 12:50   Responder

      Yo escribire las historias como me salgan en ese momento. Si una
      vez me salen soez, me sale, si otra vez me sale elegante me sale.
      En la vida hay las dos cosas, elegancia y soez, ambas coexisten.
      Asi que mis proxima historia sera soez. Se que no te gustara, pero
      es lo que me ha salido de mi interior.

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  2.    Noche said,

    on Agosto 26th, 2011 at 21:39   Responder

    Chula Historia.

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  3.    yali said,

    on Agosto 26th, 2011 at 20:50   Responder

    Gracias Matias. Ha sido una historia muy bonita y escrita con gran
    respeto. Quiero comentarte que mis proximas 4 historias van a
    volver a ser soeces, pornografricas, y con mucho sexo, porque me ha
    salido asi. Tambien comentarte, que escribire otra historia
    distinta a todo lo anterior. Una historia de varios capitulos pero
    con otro ambiente. Un saludo y gracias por leerme.

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  4.    Matias said,

    on Agosto 26th, 2011 at 19:08   Responder

    G E N I A L. Podías escribir un libro, una novela, tienes el arte y
    una sensibilidad, tu escritura es deliciosa, hay veces como en esta
    historia de aqui que es todo tan perfecto tan medido tan bien
    ensamblado, es elegante, tocas un tema muy mas difícil con una
    perfección y mira que era fácil caer en lo morbido, lo sucio lo
    hasta pornografico, no lo has hecho. Enhorabuena. Despues de leer
    esto no entiendo yo el como a veces puedes escribir alguna cosa tan
    vulgar como lo has hecho. Esta historia de hoy es perfecta. Gracias
    por escribirla y compartirla

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  5.    yali said,

    on Agosto 26th, 2011 at 14:44   Responder

    Esta historia es completamente distinta a todas las escritas
    anteriormente. Espero que guste. Ha sido realizada con mucho
    cariño, mucho respeto a una situación real en nuestra sociedad.
    Personas venidas de otra cultura, que para poder sobrevivir deben
    realizar miles de acciones en contra de su voluntad. Como toda
    última historia publicada, se la dedico a un joven amor, a un joven
    amigo que en estos ultimos 10 meses ha sido una de las personas que
    mas ha hecho para que en mi vuelva aparecer algo de humanidad.
    Espero que disfruteis de la historia Un saludo, Yali.

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