yaliloquios

Aquel Chico

Agosto 20th, 2011 by

Aquel chico, el de los pasillos de la universidad ¿aquí en el bar donde estaba trabajando durante el verano para sacarme unos dinerillos?

 

Fue verlo y sentí una sensación tan extraña, ¡qué raro se me hizo! Me volvía preguntar ¿qué hará en este complejo estival tan alejado de su casa, vamos supongo, o al menos del la ciudad donde estudia? Desconocía su nombre, desconocía de él todo, solo sabía que me cruzaba con el por lugares comunes de la universidad, el comedor, secretaría, la biblioteca general, no se, los lugares que eran más frecuentados, por no conocer de él no sabía ni que estudiaba, venía normalmente de los pabellones y edificios de ciencias, estudiaría tal vez enfermería, biología o medicina.

Nunca habíamos cruzado una palabra, nunca un gesto, nunca … bueno eso no era cierto del todo, aquel chico cada vez que se cruzaba conmigo en el pasillo, en la cafetería, en donde fuera se me quedaba mirando y esbozaba una leve casi imperceptible sonrisa, yo hacía como que no lo veía pero si, si me daba cuenta de su mirada, y presentía que esa mirada perduraba una vez había desaparecido yo de su presencia.

 

Aquel chico tenía un algo. No eran sus ojos, era su mirada. No eran sus labios, era su sonrisa. No era su cara, era su expresión. No era su cuerpo, era su porte. Siempre con su mochila en el hombro izquierdo.

 

Aquel chico se había acercado a la barra. Irremediablemente iba a cruzarme con él las primeras palabras de nuestra común existencia. ¿qué voz tendría? ¿me reconocería?

 

Pero ¿por qué estaba yo así? ¿Qué me importaba aquel chico?

 

En el complejo hotelero donde trabajaba, en ese centro de vacaciones trabajábamos un buen número de jóvenes casi todos universitarios, de todos los lugares de España y también varios jóvenes europeos que habían estado durante el curso con el programa “Erasmus” y se habían quedado a pasar el verano, perfeccionar el idioma o realizar algún curso. Llevábamos casi un mes, no nos conocíamos todos pero el ambiente era muy bueno. Inicialmente había un pabellón de chicos y otro de chicas, ahora ya eran dos pabellones mixtos. En estos días, no me podía quejar, entre compañeras y alguna “clienta” si digo que no había dormido, por decir algo, solo ninguna noche mentiría pero casi. Me lo habían dicho, pero casi no me lo creía. Pero era cierto, mantener la fidelidad ahí no era fácil. A mi realmente no me ataba nada. Hacía dos meses me había dejado mi novia, no vivíamos en la misma ciudad y las distancias son muy malas, no entendía que mis estudios de derecho no me permitían pasar con ella todos los fines de semana, sentía que eran más importante mis estudios que ella, y no digo que en parte no tuviera razón. Por tanto libre, joven y amante de retozar y de la juerga en pareja era la combinación perfecta para dar rienda suelta a las oportunidades que se presentaran en materia de sexo.

 

-         Hola, ¿me pones una tónica?

-         ¿Sola? y al volverme lo vi, era Aquel chico.

-         Si, si sola, no suelo beber alcohol.

Vaso ancho cuatro cubitos de hielo, rodaja de limón, posavasos en la barra, botellín de tónica, abridor, chapa, burbujeante y espumante fluir de la tónica al chocar con los hielos, … aquí tienes.

-         ¿Me cobras, por favor?

-         Y sin favor, y al irle a decir el importe veo que me enseña la tarjeta de trabajador del complejo. Los trabajadores tenemos otro precio en las consumiciones.

-         ¿Anda trabajas aquí? No te había visto

-         Si, si llevo desde principio de mes.

-         Encantado, me llamo Pedro, bueno pero todo el mundo me dice Ruy.

 

Lo de Ruy es una vieja historia, en el colegio una vez hubo que representar una obra de teatro, el Rey se llamaba Ruinaldo y su hijo el príncipe Ruy, yo hice de príncipe y se me quedó el Ruy, ahora casi todo el mundo me conoce así, ya hasta en casa, me he acostumbrado y ciertamente no me disgusta

 

-         Yo soy Toño y extendió la mano.

-         Oye y ¿no nos conocemos?

-         No creo que no, respondió Toño con rotundez. Por lo que no me atreví a hablarle de la universidad. Iba a hablarle de qué funciones hacía en el complejo, en qué trabajaba, cuando entraron clientas.

 

Eran cuatro chavalas jóvenes de nuestra edad, unos diecinueve o veinte años, con una de ellas había estado haciendo algo más de un tonteo y un revolcón la otra noche, era una chica de málaga que estaba de veraneo con sus padres. Apareció por el bar a la hora de cerrar, y con esos artes de mujer me embaucó totalmente, terminamos en el cuarto de hamacas de la piscina, pese a su juventud era una experta en las artes amatorias y fue muy fácil para mí dejarme llevar, era una chica totalmente desinhibida que había venido a disfrutar de sus vacaciones y entre las actividades a realizar para pasar el veraneo debía estar incluido el titarse al camarero, y claro este camarero está para servir todos los deseos de los clientes, bueno, ¿todos, todos?.

 

-         Hola Ruy. – Se acordaba de mi nombre, ¡qué raro se me hizo! – A ver ¿que nos pones?, preciosidad. Estaba claro, había venido a enseñar a sus amigas su conquista del otro día, no me imagino a ella contándole los juegos y pretensiones accedidas por mi parte en esas hamacas, ¿o si? Si, tal vez si, esta era capaz.

-         Pues lo que vosotras queráis. Contesté con mi mejor sonrisa.

 

Aquel chico ahí estaba, con su tónica, no me quitaba la vista de encima. Yo seguía con las cuatro, liado, entretenido, aguantando. En una estúpida conversación, sin sustancia alguna solo interrumpida por algún que otro cliente que solicitaba una consumición o venía a pagar lo que ya se había tomado.

 

Se hizo la hora de cerrar.

 

Aquel chico, Toño, dejó su vaso de nuevo en la barra, sobre el posavasos, noté que echaba una ultima mirada, mejor, noté que me echaba esa última mirada y salía por donde había entrado.

 

De las cuatro amigas dos se habían ido, ya no quedaba nadie en el bar, solo Asun, la encargada, esas dos chicas, una de ella la del tema en el cuarto de las hamacas y yo.

 

-         Ruy hasta mañana, que descanses, ya cierro yo.

-         Vale Asun, hasta mañana, que descanses.

La malagueña quería compartir con su amiga el trofeo. A mi dos chicas, a la vez, me daba morbo, nunca había hecho un trío, me dejé llevar…

 

Aquella mañana mediterránea de sol radiante, espléndida,  yo libraba. Me cogí una toalla y me fui a la playa. Ya llevaba mes y medio en ese complejo y prácticamente no había tenido una mañana tan bonita para disfrutarla en la playa. De mi trabajo inicial del bar me habían cambiado a camarero en la cafetería y ahora llevaba unos días currando en las piscinas, sombrillas, hamacas, no estaba mal, las noches seguían como siempre, la gente estaba presta  a la juerga, a la marcha, habían sido fiestas en un pueblo cercano y el ambiente nocturno, las orquestas había estado muy bien, ligar seguía siendo fácil.

 

Tan tranquilo estaba tendido en la arena, me había dado un buen chapuzón, me había quitado las bermudas y estaba en bañador, de esos de competición, pequeñito y ajustado, tumbado, tomando el sol, cuando noto en la pantorrilla un dolor espectacular, un pinchazo de lo más amargo y veo como se me pone rojo, de inmediato empieza a hincharse, me levanto, me pongo de pie, me caigo, no me aguanto. Dos parejas de alemanes que están muy cerca de mí se percatan, me ayudan, nos entendemos en un medio ingles, el suyo con acento alemán, el mío con acento navarro. Me dicen de llamar a la cruz roja, yo les digo que a tres minutos está el complejo, que si me ayudan ahí tenemos servicio médico permanente, acceden, entre los dos alemanes me cogen medio en volandas, para ellos no es ningún esfuerzo, y me acercan a la enfermería, una de las chicas ha recogido mis cosas y me las acerca, la otra se ha quedado en la playa al cuidado de sus pertenencias.

 

El tobillo se está inflando de una forma tremenda, casi estoy asustado, duele bastante. Entro en el médico, es una mujer, la conozco, la del descafeinado cortado de máquina con leche fría y edulcorado con miel, clienta fija de mi estancia en cafetería,  es guapa, morena, muy agradable, una señora cerca de cuarenta, a lo mejor no tantos.

 

-         Bueno Ruy, esto es una reacción alérgica, mira esta pomada, dos veces al día, y como no me fío mucho ahora viene el socorrista y te pone un “urbasón”, esta tarde a las 6 te pasas y vemos como va.

-         Vale gracias.

 

Un poco asustado estoy con lo sucedido, he escuchado a la médico llamar por teléfono al socorrista, ¿un urbasón? No tengo ni idea que será, alguna pomada, algo en la herida, no se, esperaré. La verdad es que me sigue doliendo. Se han despedido los alemanes, ¡qué amables! No he podido ni despedirme de ellos, ni agradecerles, han dejado mis bermudas, mi toalla y mi móvil en una silla aquí en la enfermería. Tengo que fijarme en el complejo por si fueran clientes para darles las gracias.

-         Hola ¿tu eres el del picotazo?

-         Si, hola. Contesto levantando levemente la cara y es… Aquel chico, el de la tónica, el que casi no nos pudimos ni intercambiar dos palabras en el bar, desde entonces no había coincidido con él.

-         ¿Qué te ha pasado Ruy? ¿Te llamabas así?

-         No se – se acuerda de mi nombre, yo también del suyo – Toño, creo que un picotazo de algún bicho, he notado primero un dolor y luego como un pinchazo y la inflamación que cada rato va a más.

-         Con esto que te voy a poner se te pasará, ya verás.

 

Veo que abre la vitrina y saca una caja, de ahí una ampolla, prepara algodón y un frasco con un líquido, abre un cajón y saca un paquete como de plástico, saca una jeringa. Horror, pienso qué va a hacer, rompo el hielo

 

-         Osea, que eres el socorrista. Trago saliva

-         Si, entre otras cosas, he terminado enfermería y estoy en prácticas, ya ves, hago de socorrista, hago de enfermero, de lo que toque, casi todo el día tomando tensiones a las personas mayores, curando rasguños a los niños, lo típico del verano. Mira ya está. ¿te han inyectado alguna vez “urbasón?

-         No. Casi ni se escucha mi angustiosa contestación. No desde las vacunas nunca me han pinchado nada. No se ni como puedo responder porque estoy totalmente “acojonado”

-         Venga, tranquilo, te explico, no te pasa nada, a veces al entrar el líquido escuece un poquitín, pero lo voy a hacer con mucho cuidado para que no te enteres. Luego a los 10 minutos ya se te habrá bajado la inflamación y ya avisaremos a alguien y te llevamos a la habitación.

-         Ah, ale, vale. Contesto con más miedo que otra cosa, y cual cordero que es llevado al matadero acepto mi destino. ¿qué hago?

-         Nada,  date la vuelta ¿puedes tu solo?

-         ¿La vuelta?, si la inflamación está por aquí. Contesto totalmente despistado.

-         No te asustes tranquilo Ruy que no pasa nada, la inyección es intramuscular en el culete, tú tranquilo, date la vuelta y bájate el bañador. Mientras decía esto Toño cerró la puerta que comunicaba la consulta médica con la habitación donde se hacían las curas, donde estaba la camilla donde yo reposaba.

 

Me di cuenta entonces que yo estaba prácticamente desnudo, solo mi bañador, de esos de competición, pequeñito y ajustado, empecé a sudar del susto fundamentalmente, como pude me puse boca a bajo en esa camilla, me bajé un poco el lateral del bañador del muslo derecho, que era la parte de mi cuerpo que más cerca estaba de Toño.

 

-         Bueno ¿preparado?

-         Si. Me salió un si que era casi un no.

-         A ver relájate, déjame jugar para que te despiste, no te asustes por nada, piensa en lo que quieras y, por favor, no hagas fuerza con el culo, sobre todo tu muy tranquilito.

 

Me bajó el bañador del todo, ahí quedé con todo mi culo expuesto a su plena disposición.

 

-         ¡Qué hermoso!, creo que se le escapó.

-         ¿Cómo? Casi sin voz añadí.

-         Nada, venga, muy tranquilo, olvídate de mi, que no vas a notar mas que mis dedos acariciándote.

 

“Uf, menos mal” pensé, porque mi miedo y nerviosismo eran impresionantes.

Tomó el algodón lo untó en el líquido y acarició todo mi glúteo, luego también el otro, ¿en ambos lados? Yo estaba despistado. Notaba como con sus dedos toqueteaba por distintas partes de los muslos, por encima, por debajo. Volvió a tomar el algodón y volvió a frotar, parecía que jugaba al despiste, … estaba relajado, me estaba gustando ese jugueteo, adivinaba lo que iba a hacer, de pronto noté como en la parte interior del lado superior de mi culo derecho como un escozor, pero a su vez Toño me hacía un masaje muy agradable en la parte izquierda de mi trasero, noté como salía algo, fino como un hilo de la parte derecha, …

 

-         Ya está ¿te has enterado?

-         No muy bien, que va, cuando me ha querido escocer algo … – no pude terminar, Toño se había agachado y me había dado dos sonoros besos en la lado que había perforado la aguja y que yo ni había sentido.

-         Para que se te cure pronto y me subió el bañador tapando mi desnudez.

 

Me quedé un poco admirado, el tío se lo había trabajado para que no me enterara de la inyección, pero también era yo consciente que a él algo más le había motivado, luego esos dos sonoros besos en mi culo. Me explicó que era muy probable que me molestara por el líquido la pierna, que tranquilo que en unas horas desaparecía la molestia.

 

Y como me había pronosticado, la inflamación iba bajando, no tenía tan hinchado el tobillo ni la pantorrilla, dolían, si, pero no era lo de antes, aun estaba inflamado. Vinieron dos compañeros que Toño había avisado, me vestí las bermudas y me llevaron a mi habitación.

 

Como pude, haciéndome el valiente, pues no podía apoyar bien el pié bajé al médico, ya eran las seis, se me había pasado rápidamente el tiempo, entre sueños casi todo el rato, alguien se había encargado que me trajeran algo de comer a la habitación

 

-         Hola Ruy, ¿cómo estás? ¿pero cómo has venido solo hasta aquí? haber avisado hombre.

-         Mejor parece que esto se ha bajado algo, pero me sigue quemando y doliendo. Respondí a ese encanto de mujer, que parecía me quería devolver la cortesía y amabilidad con la que cada tarde le servía su descafeinado cortado de máquina con leche fría y edulcorado con miel.

-         A ver. Bueno, no está como yo quisiera, hay que poner un tratamiento antiinflamatorio. Te doy a elegir, una semana con pastillas o un inyectable, como prefieras.

 

Tenía que decidirme, por supuesto la primera opción era la de elección, otra inyección, ni hablar, aunque las artes del practicante durante el procedimiento habían sido inmejorables, desde que llegué a la habitación y me tumbé no había dejado de molestarme, es más y de dolerme la parte derecha superior de mi nalga derecha, y descendía casi hasta el músculo, no estaba dispuesto a pasar por eso, por tanto dije que no, o eso quise decir cuando pregunté:

-         ¿pero solo una inyección?

-         Si, si, solo una

-         Pues si solo es una, adelante.

 

¿Qué había dicho? Estaba yo totalmente trastornado, pensaba en algo y el subconsciente hablaba por mi ¿deseaba otra vez que me pincharan? ¿me daba morbo el ritual? ¿en el fondo yo era masoquista? O ¿simplemente me había gustado el juego y caricias de Toño sobre mi culo desnudo? No tenía respuesta para ninguna de ellas.

 

Volví a la habitación, ahora si acompañado, y con el encargo de esperar, la doctora avisaría al enfermero y él ya quedaría conmigo. Regresé con la convicción de “soy un perfecto imbécil”

 

Estaba terminando de cenar algo que de nuevo me habían acercado, cuando escucho un agradable

-         ¿Se puede, llego en mal momento? Era aquel chico, Toño, no venía con bata como a la mañana, vestía una bermudas, chanclas y una camiseta que ponía en su pecho “media maratón de Valladolid” en la mano traía como un pequeño neceser. Serían los instrumentos de su oficio, pensé.

-         ¿Ya vienes a pincharme?

-         Si te va mal vuelvo luego. Contestó complacientemente.

 

En la habitación había algo de follón, yo dormía en un lateral cerca de la puerta, con los armarios y taquillas habíamos hecho unas especies de camaretas que para nada salvaguardaban la intimidad de las personas, al principio costaba acostumbrarte, pero una vez que le habías cogido el tranquillo. Alguna noche de esas que uno compartía la cama parecía que era observado por más de cuatro ojos, y aunque era extraño cuando la pasión dejaba derramar las locuras de la juventud parecía que uno se encontraba solo, bueno con alguien entre sus brazos y sus piernas.

 

-         No, no, es buen momento ¿qué hago me desnudo y me pongo como esta mañana?

-         Aquí hay un poco de jaleo, vamos a otro lugar más tranquilo, la enfermería está lejos, pero mi habitación está al volver la esquina,

-         A bien, mejor estaremos ¿tienes habitación individual?  Pregunté por inercia, tal vez un poco por dar conversación.

-         Si, si

-         Pues mejor así no habrá mirones.

 

Con esta conversación y apoyado en su brazo llegué a sus aposentos que realmente estaban al doblar la esquina.

 

-         ¿Confías en mí?

 

Aquel chico, me sorprendió con aquella pregunta, “confiar” que palabra con tanto argumento, confiar, confiarse, fiarse no de, sino fiarse con, vaya inicio, me salió la vena de estudiante de derecho, y casi sin darme cuesta empecé a desmenuzar filosóficamente el significado de una simple cuestión que todavía no había respondido. Y nuevamente y mientras seguía yo con mis averiguaciones filosóficas mi otro yo como una exhalación:

-         Si, ¡por supuesto! Solo me faltó, abrir la ventana y gritarlo al conjunto del Resort, SI, SI ME FIO

-         Bueno pues quítate el niki, las bermudas y te tumbas en la cama

 

Y así lo hice. Y ahí me quedé con mi calzoncillo de “Kukuxumusu” que me habían comprado en estos últimos Sanfermines mis colegas para que no se me hiciera tan duro mi ausencia de Pamplona esos días

 

-         Ahora como esta mañana, déjate llevar, esta es un poquito más de líquido, tardará un poquitín más pero no te enterarás

-         Ok, adelante. ¡Qué mentiroso era!, si en realidad estaba pensando que qué narices hacía ahí a punto de quedarme otra vez con el culo al aire para que me clavaran otra inyección y más grande que la de la mañana ¿masoquista? tonto perdido, eso es lo que me había vuelto, tonto del culo, no tenía otro nombre.

 

Aquel chico, empezó suavemente a bajarme el calzoncillo, por la parte derecha, luego por la izquierda, muy lentamente como si fuera algo que se tuviera que hacer casi sin apreciación, notaba como se deslizaba y el tejido del mismo parecía que recorría cada uno de los puntitos que mi piel erizada interponía en su camino, noté como el dedo inicial pasaba a se mano para introducirse ente mis nalgas y la tela salpicadas de toritos encorriendo a varios mozos pamplonicas, mano que acariciaba y a la vez proseguía con la finalidad de bajar por completo toda la prenda, poco apoco lo estaba consiguiendo, pero había una resistencia delantera, de momento difícil de solventar, yo estuve por levantar un poquitín y bajarlo por delante, pero no fue así. Aquel chico con gran maestría había introducido su mano entre la cama y mi vientre y de una forma inimaginable por mi hasta ese momento, acariciara mi miembro y lograba bajar por completo la única prenda que cubría mi cuerpo, nervioso y ya desnudo, con ambas manos lo bajó de mis rodillas y lo sacó por los pies. Lo habría conseguido, estaba desnudo a su placer. Por un lado, yo nervioso, deseaba algo más que el incómodo acto al cual me iba a someter, Pero por otra parte ¿de un chico? ¿qué me iba a poder esperar de un chico? de aquel chico.

 

Con maestría me puso a cien, caricias, toques algún acercamiento a mi parte delantera, logró que estuviera en una situación de lo más receptiva, no noté en ningún momento ni el algodón ni el líquido ni nada, eran únicamente sensaciones, nuevas y sorprendentemente muy gustosas, noté, no si, si lo noté que se introdujo, creo que si, en el moflete izquierdo la aguja, pero es que a la vez algo se introducís en mi interior fue la única y extraña sensación que me causó algo de molestia, que raro, a la par notaba que algo de líquido entraba en mis musculatura y paralelamente algo también entrada en mi interior, y aunque parezca extraño, me ge gustó.

 

-         Ya está, ¿te has enterado?

-         No. Y casi se me escapa ¿ya ha terminado?, ¡que corto! quiero más, ponme otra, introduce lo que estabas metiendo ahí, por mi …. Entonces fui consciente, había recibido en mi orificio anal ¿el qué?

 

Dejó la jeringa vacía en la mesa junto con la ampolla de donde había obtenido el líquido y el algodón que no había notado y tapó un frasco con el líquido que yo no había sido consciente que me hubiera aplicado.

 

-         Te ha gustado ¿verdad? Date la vuelta que te vea la cara

 

Lo hice y la majestuosidad de mi excitación puso de manifiesto la respuesta  a la pregunta que me acababa de hacer.

 

Una insinuación sin palabras, una insinuación de aceptación en un beso seguido de muchos besos, así improvisados, seguidos de caricias, muchas caricias como reconociendo tiernamente lo que ya se conoce, muchos besos mas, incontables  y mas caricias que podrían ser conocidas pero me parecieron nuevas. No se cuanto duró ese coloquio al que siguió una también extensa sesión de sexo en ratos tierno y suave, en momentos violento y salvaje que culminó en un mar de efluvios al estallido mutuo de un orgasmo. Fue tanta la cantidad y calidad de sensaciones que no tengo palabras para reseñarla sólo sé que quedamos extenuados, y abrazados nos sorprendió el sueño. Cuando desperté simplemente pensé:

 

¡Qué noche la de anoche con aquel chico!

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Posted in Relatos | | | 6 Comments


6 Responses to ' Aquel Chico '

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  1.    yali said,

    on Agosto 25th, 2011 at 9:41   Responder

    Muchas Gracias, Ricardo. Me alegro mucho, muchisimo, de que esta
    historia, este relato, te haya gustado. Es una historia muy
    especial, dedicada para alguien especial. Yali

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  2.    Ricardo said,

    on Agosto 24th, 2011 at 23:29   Responder

    Tremenda. Sensacional

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  3.    Matias said,

    on Agosto 22nd, 2011 at 16:03   Responder

    nacho ¿Tu eres Nacho, Ignacio el de Huesca? ¡Qué alegría! ESTA ES
    TU MEJOR HISTORIA YALI. ES UN LUJO DE HISTORIA, ESTOY ENAMORADO DE
    ESTA HISTORIA

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  4.    yali said,

    on Agosto 20th, 2011 at 23:40   Responder

    DESPUES DE UN MES DE VACACIONES, SIN PUBLICAR NINGUNA HISTORIA, ME
    LANZO A PUBLICAR UNA NUEVA AVENTURA, UNA NUEVA PASION. HOY COMIENZA
    EL INICIO DE MI BLOG, DONDE PUBLICARE MIS HISTORIAS. ESTA HISTORIA
    ES MUY ESPECIAL PARA MI, PORQUE LE HA ENCANTADO A MI GRAN AMOR. A
    PARTIR DE AHORA, TODA HISTORIA QUE PUBLICO SE LA DEDICARE A UN
    AMIGO MUY ESPECIAL. ESE JOVEN AMOR QUE TENGO QUE CADA DIA QUE PASA,
    HACE QUE ME SIENTA MAS ORGULLOSO DE TENERLO COMO AMIGO, QUE ME
    SIENTA HALAGADO POR CADA MENSAJE, CADA PREGUNTA, CADA CONSEJO QUE
    ME DA. ESE AMIGO QUE ME APORTA ALEGRIA Y QUE CADA DIA INTENTE SER
    MEJOR PERSONA. ESTA HISTORIA SE LA DEDICO A MI AMIGO, QUE ESTA
    PASANDO UNA DIFICIL PRUEBA. POR TI. ESPERO QUE OS GUSTE LA
    HISTORIA. SALUDOS.

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  5.    nacho said,

    on Agosto 20th, 2011 at 21:48   Responder

    ja, ja, ja, buena historia

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